El aborto y la libertad - por Hernán Stuchi

Las feminazis, pobrecitas, levantan al aborto como una de las banderas de la liberación de la mujer. Y no son pocos los libertarios que les dan la razón. Es que claro, en un análisis veloz, uno podría imaginar que elegir si tener hijos o no, al momento de estar una mujer embarazada, es una decisión que, si el aborto fuera legal, dependería de la libertad de cada individuo implicado.

Un fuerte sector de la sociedad entiende que la maternidad es una prisión para la mujer

Por ello, legalización del aborto huele, en primera instancia, a libertad. Pero, ¿es esto cierto?

Podríamos hablar de los fundamentos filosóficos planteados por John Locke para fundar al liberalismo. Antes de que me maten por hablar de un tipo que escribió en el siglo XVIII, simplemente diré que los tres derechos naturales que detectó en cada ser humano son los pilares del derecho moderno en la civilización occidental:

Según Locke, cada individuo humano tiene, por ser humano, derecho a vivir. Es decir, que mientras él sea inocente de toda culpa, nadie tiene derecho a matarlo. Luego hablará de derecho a la propiedad (es decir, a tener control pleno y libre sobre sus posesiones), y derecho a la libertad (a elegir, sobre cualquier tema, lo que se le antoje).

Estos derechos, desde luego, no deberían contradecirse nunca, como las leyes de la robótica de Isaac Asimov (les recomiendo Yo, robot. No tiene nada que ver, pero alto libro).

Luego en la Historia del pensamiento habrá otros pensadores liberales que hablarán a favor y en contra del aborto - Locke, tengo entendido, jamás habló del tema. La gran cuestión filosófica es, desde una postura libertaria, si debemos o no considerar al feto, o embrión, o incluso cigoto (aquella bolsa de células) un individuo humano. Si lo consideramos individuo humano, matarlo es un crimen. Si no lo consideramos humano, es un mero procedimiento médico. Como quitarse un grano.

La respuesta parece simple, pero no lo es. ¿Qué nos hace humanos? Luego: ¿qué nos hace persona sujeta a derecho jurídico, a protección legal? Gloria Álvarez dijo, en la conferencia que ya hemos citado anteriormente en este blog, que la vida humana per se hoy es considerada sagrada, y que considerar sagrado algo tiene que ver con una concepción más mítico-religiosa que científica. Es decir, que aunque la ciencia determine que efectivamente, el ser concebido en el vientre de su madre es un pinche ser humano, considerar sagrada su vida ya no tiene que ver con la ciencia, sino con la filosofía.

Podemos ejemplificar lo que sostiene con el caso de una persona con muerte cerebral. Aplicarle eutanasia, aunque se tratara de un ser humano, según esta lógica, no sería un acto criminal, dado que la vida de su cuerpo no sería algo sagrado, ni (en cierta forma) digno de respeto. ¿Qué criterio utiliza una libertaria de ley como Gloria para definir al individuo humano? La conciencia: el conocimiento que tiene un ser humano de su propia existencia.

Esto podría sonar convincente en un primer momento, pero no resiste ningún análisis. Los bebés tardan meses en adquirir conciencia de su propia existencia. De hecho, incluso dudo de que algunos adultos hoy día la tengan.

La ciencia tiene una descripción inobjetable de lo que es un cigoto. Es un ser vivo, con ADN humano, hijo de un padre proveedor de la mitad de ese ADN, y de una madre proveedora de la otra mitad, gestándose en el cuerpo de esa madre.

El procedimiento del aborto implica su muerte. Es el aborto el asesinato de un ser humano en el vientre de su madre. Aunque no podamos ver sus ojos, ni escuchar su voz, aunque no tenga conciencia de su propia existencia.

Gloria Álvarez, brillante como ella sola, concluyó categóricamente que el desarrollo de la tecnología será la que nos de una salida ética más cómoda a la cuestión de la maternidad no deseada: el día del mañana, cuando una mujer no quiera gestar a su hijo, podrá quitárselo y colocarlo en una incubadora para darlo en adopción. Será sencillo, rápido, y no tendría que morirse nadie.

Ni ella, ni sus proyectos... ni su hijo.

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